Leche, desmontando el mito (II)


Retomamos el tema con esta segunda parte del título del post, esta vez centrándonos en la figura de la reconocida científica geoquímica Jane Plant.

Estudió geología y geoquímica en las universidades de Liverpool y Leicester. Actualmente imparte clases de geoquímica en el Imperial College de Londres, y hasta el año 2005 fue jefe del British Geological Survey (BGS).

Pero su investigación en torno a la importancia de la leche en la alimentación, comenzaría en 1987, muy a pesar suyo. En este año, le detectaron un cáncer de mama, el cual se reproduciría posteriormente hasta cuatro veces; lo cual provoco, una serie de acontecimientos descritos por ella en su libro “Your life in your hands”, donde entre otros aspectos, describe el tratamiento de todo este proceso; “Sufrí la amputación de una mama y me sometieron a radioterapia. Y ahora estaba recibiendo una quimioterapia dolorosa. Me vieron los especialistas más eminentes del país. Pero en mi fuero interno, estaba segura que me estaba enfrentando a la muerte. Tenía un marido maravilloso, una casa preciosa, y dos hijos jovencitos para cuidar. Afortunadamente esto me llevó a luchar y a  descubrir hechos, algunos, que sólo unos cuantos científicos conocían en aquella época.”.

 Continúa relatando las causas conocidas en aquella época, como factores del cáncer de mama, destacando:

–          Aumento de la edad

–          Una temprana menarquía (primera menstruación, antes de la edad habitual).

–          Una menopausia tardía.

–          Un historial familiar de cáncer de mama.

Todos estos factores; como, todos los científicos reconocen, están fuera de nuestro control;  pero ella, en todo este proceso fue descubriendo, como existen otros factores relacionados, casi en su totalidad con la alimentación.

La primera pista, la encontró tras un viaje de su marido Peter, también científico, a China. Unos de los “suvenires” que trajo, fue unos supositorios herbales, que en China se utilizaban como tratamiento contra el cáncer. Ambos al conocer estos remedios echaron a reír, pensando en la simplicidad de dicha medicina. En palabras suyas “y recuerdo haber dicho que si esto era el tratamiento del cáncer de mama en China, entonces no había que extrañarse que las mujeres chinas evitaran contraer la enfermedad!”.

Teniendo en cuenta que en China, los casos de cáncer son mucho más infrecuentes que en occidente. “esas palabras hicieron eco en mi mente:- relata– ¿Por qué las mujeres de China casi no contraen cáncer de mama?”.

 En China solo una de cada 10.000, muere de cáncer de mama, datos que comparados con los del Reino Unido, una de cada doce; o con la media de los países occidentales, una de cada diez, llama la atención.

  Se podría pensar que es consecuencia de la polución atmosférica, pero en Hong Kong, ciudad  populosa y con una atmosfera muy contaminada la tasa sube a 34 de cada 10000 mujeres; cifra muy alejada de los datos occidentales. Se podría pensar también que es debido a diferencias genéticas, pero se observa que las descendientes de población china o japonesa de segunda o tercera generación que viven en occidente tienen cifras similares a las occidentales.

Con lo que estos datos le llevo a pensar que su cáncer de mama, y su gran incidencia en su país de nacimiento; Reino Unido; tenía como causa casi con toda seguridad aspectos relacionados con el estilo de vida.

Otro apunte importante, observando las estadísticas, es que respecto al cáncer de próstata, se producen diferencias similares entre occidente y oriente. La incidencia en Reino Unido es 70 veces superior a China.

Dentro de los elementos del estilo de vida, el primero que estudiaron fue la alimentación. Y descubrieron que, de acuerdo a diversos estudios científicos, el 14% de las calorías de la dieta de los chinos era de grasa, comparado con el 36% de la dieta occidental.

La duda surgió cuando, analizó su dieta y comprobó que siempre había sido baja en grasa y alta en fibra. Continuaron con un repaso exhaustivo de todos los elementos de la dieta occidental, hasta que llegaron al producto clave  en este análisis; “Los productos lácteos”. Se dieron cuenta que la población china apenas consume lácteos.

Por un lado, existe gran parte de la población que sufre intolerancia a la lactosa, por otro, existen creencias en China, en torno a la leche; en el sentido de ser considerada un alimento para bebes. Incluso recurren a una ama nodriza para alimentar a sus bebes antes que utilizar leche de vaca. Culturalmente, los chinos encuentran muy extraña nuestra preocupación occidental por la leche. Recuerda, en el libro; haberse ocupado de una gran delegación china de científicos poco después del final de la Revolución Cultural, en los años 80. El Foreign Office (Ministerio de Asuntos Exteriores del Reino Unido) les aconsejó encargar un pudding que tuviera mucho helado. “Después de haberse informado en qué consistía, todos los chinos, incluido el intérprete, con muy buenos modales, pero muy firmemente, rehusaron tomarlo, y no hubo manera de convencerlos de lo contrario – cuenta – ; en aquel entonces nos alegramos todos pues pudimos tomar doble ración!”

En este momento, empezó a recordar que su dieta había sido muy rica, en los años previos al comienzo de la enfermedad; en productos lácteos. Los había utilizado como su principal fuente de proteínas; incluso para soportar la quimioterapia de su quinto cáncer, había estado tomando yogur orgánico para ayudar al aparato digestivo a repoblar de “buenas bacterias”. Descubrió, a partir de estudios del Dr. Daniel Cramer de la Universidad de Harvard; en 1989, que el yogur estaba implicado como causante de cáncer de ovario.

A partir de aquí decidió suprimir el consumo de lácteos, estaba en proceso de tratamiento del que era su quinto tumor; y el tumor empezó a entrar en fase de remisión. Hasta el punto que en seis semanas tras una revisión en el  Charing Cross Hospital de Londres;  su oncólogo no encontró resto alguno del tumor; cosa que ningún médico esperaba, teniendo en cuenta que ya había invadido el sistema linfático. Su propio medico, que al principio no daba crédito; hoy en día muestra estadísticas de casos de cáncer en China en sus conferencias.

El problema no es que la leche sea un producto intrínsecamente malo, la leche de vaca es buena…pero para terneros. La leche de vaca como la leche materna humana, contiene productos químicos destinados a jugar un papel importante en el desarrollo del bebé. Uno de estos productos -insulina factor de crecimiento: IGF-1– hace que las células se dividan y se reproduzcan. IGF-1 es biológicamente activo en humanos, sobre todo en la pubertad, cuando el crecimiento es rápido. En chicas jóvenes, estimula el tejido de la mama para que crezca y mientras sus niveles son altos durante el embarazo, las hormonas prolactinas y estrógenos son también activas, ensanchando los tejidos de la mama y aumentando los conductos de la leche preparándola para amamantar.

Aunque la concentración y secreción de estas hormonas en la sangre son bajas, ejercen un efecto poderoso sobre el cuerpo. Todas estas hormonas están presentes en la leche de vaca. La composición del IGF-1 es idéntica ya sea en la leche humana o en la leche de vaca, pero sus niveles son naturalmente más altos en la leche de vaca, teniendo en cuenta que tienen que amamantar a un ternero que pese, una media; de 30 Kg al nacer.

 También se encuentran en la carne de vaca. Altos niveles de IGF-1 en humanos son considerados un factor de riesgo para el cáncer de mama y la próstata. Un estudio de 1998 de mujeres pre-menopáusicas, revela que aquellas que tienen los niveles más altos de IGF-1 en sangre, corrían casi tres veces más riesgo para desarrollar un cáncer de mama, comparadas con las mujeres con niveles bajos. Entre mujeres por debajo de los 50, el riesgo se multiplica por dos. Otros estudios demuestran que altos niveles de IGF-1 en sangre en los hombres son un indicador importante de cáncer de próstata.

 Es interesante saber que, recientes medidas para mejorar la producción de leche; han aumentado los niveles del IGF-1 en las vacas. El IGF-1 en la leche y en la carne ¿podría causar su reforzamiento en humanos, sobre todo a lo largo de una vida, llevando a una división celular inapropiada?… La cuestión inmediata que se puede inferir es; si cantidades excesivas de IGF-1, pueden causar cáncer.

Incluso algunos medicamentos como el tamoxifeno, de alto perfil, utilizado en el tratamiento de cáncer de mama, está indicado para reducir los niveles de IGF-1 en sangre. El IGF-1 no es destruido por la pasteurización, pero críticos argumentan que es destruido por la digestión, volviéndolo inofensivo. Jane piensa que la proteína principal de la leche, la caseína, evita que esto ocurra y que la homogenización, que evita que la leche se separe en leche y crema, podría aumentar aún más el riesgo de hormonas que provocan el cáncer, así como de otros productos químicos que alcanzarían la circulación sanguínea. Ella también piensa que otros productos químicos de la leche de vaca, pueden ser responsables de enviar señales equivocadas a los tejidos adultos.

A partir de entonces; otras hormonas como la prolactina o los estrógenos, empezaron a estar en el punto de mira de Jane; por provocar crecimiento en canceres de próstata en cultivo o por causar daños biológicos incluso en pequeñas cantidades.

En esta entrevista explica detalladamente todo el proceso que vivió y las conclusiones a las que llego a partir del estudio del mismo.

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=dFnoiDDibOw]

Pueden acceder a esta información a través de su libro “TU VIDA EN TUS MANOS: UNA GUIA PRACTICA PARA COMPRENDER, PREVENIR Y SUPERAR EL CANCER DE MAMA” editado por RBA LIBROS, en 2001.

Fuentes:

http://www.haztevegetariano.com/p/984/lacteos_y_cancer_de_mama_una_relacion_estrecha

http://www.ecoportal.net/Temas_Especiales/Salud/El_cancer_y_los_productos_lacteos

http://www.cancersupportinternational.com/janeplant.com/Jane_Plant_CV.pdf

Por Jeromo Fernandez

 

quisiera-montejb.blogspot.com
montejbquisiera.wordpress.com
La comunidad El País montejb